
Bioestimulación y biocontrol para cultivos de campo
Para hacer frente a los retos del crecimiento demográfico, preservando al mismo tiempo nuestros recursos medioambientales y promoviendo el desarrollo sostenible, las prácticas y los sistemas agrícolas están cambiando. Garantizar altos rendimientos reduciendo al mismo tiempo los insumos significa encontrar alternativas en materia de protección y nutrición de los cultivos. Esta evolución de las prácticas es posible gracias a la integración de los microorganismos en los itinerarios técnicos actuales. Estas nuevas estrategias tienen en cuenta las expectativas medioambientales y sociales, al tiempo que mantienen una agricultura de alto rendimiento menos dependiente de los insumos químicos.
Reducir los insumos químicos con productos de biocontrol
Los altos rendimientos exigen un seguimiento preciso de los cultivos (herramientas de ayuda a la toma de decisiones, boletín fitosanitario) en cuanto a fertilización y tratamientos fitosanitarios. El uso de productos de biocontrol en combinación con pesticidas convencionales o en lugar de éstos está en auge. Los productos basados en levaduras se están incorporando actualmente a los programas de protección en torno a las fases críticas de floración, espigado y formación de vainas. Estas alternativas se están desarrollando para usos importantes, como la septoriosis en el trigo y la roya asiática en la soja, y ayudan a frenar la aparición de resistencias.


Bioestimulantes: alternativas naturales para asegurar los rendimientos
Al estimular los cultivos en etapas clave de su desarrollo, los productos derivados de los microorganismos pueden aumentar el rendimiento. Las plantas y los microorganismos actúan en sinergia en la rizosfera para optimizar el uso de los recursos disponibles en el suelo. Los bioestimulantes ricos en aminoácidos y metabolitos de fermentación aseguran la floración en condiciones de estrés abiótico y facilitan la migración de las reservas a las semillas.
Los beneficios de los bioestimulantes derivados de microorganismos para los cultivos de campo :
- Soja: Resistencia al estrés hídrico y reducción del aborto
- Maíz: Efecto iniciador y fertilización mejorada
- Trigo: Aumento del contenido proteínico y del rendimiento, resistencia al quemado y estres por calor en espigazón.
Estrés climático durante la floración de la colza y protección de las vainas mediante un bioestimulante
En muchos países del mundo, la colza es un cultivo muy importante, que se cultiva para la extracción de aceite y se utiliza de muchas formas distintas. Se utiliza mucho en la industria alimentaria, valorada por sus cualidades nutritivas, al ser rica en ácidos grasos insaturados beneficiosos. También tiene aplicaciones en la industria química y en la producción de biocombustibles, contribuyendo a la transición energética, así como en la alimentación animal.
El cultivo de la colza oleaginosa es una actividad económica importante, y conseguir mayores rendimientos resulta cada vez más difícil en condiciones climáticas restrictivas que imponen estrés abiótico, como la escasez de agua o las temperaturas inadecuadas. Los bioestimulantes son potentes herramientas para mejorar los procesos nutricionales de las plantas, independientemente de su contenido mineral, aumentando su capacidad para hacer frente a estos estreses abióticos.
La aplicación de bioestimulantes durante la floración de la colza oleaginosa (BBCH 60-65) ayuda a las plantas a reducir el aborto de flores causado por la sequía o las altas temperaturas. Los compuestos contenidos en los productos a base de levadura estimulan el desarrollo de la planta mediante una acción antioxidante combinada con moléculas que mejoran el equilibrio hídrico de las células vegetales. Se formarán más vainas incluso en condiciones climáticas adversas, lo que garantizará buenos rendimientos y contribuirá a una agricultura más fuerte, con una solución sostenible y respetuosa con el medio ambiente.


La esclerotinia, una gran amenaza para los cultivos de colza oleaginosa
Sclerotinia sclerotiorum es un importante problema fitosanitario para los cultivadores de colza oleaginosa. Este hongo ascomiceto puede comprometer seriamente la supervivencia de los cultivos de semillas oleaginosas, provocando importantes pérdidas de rendimiento. Su ciclo infeccioso implica la formación de esclerocios persistentes en el suelo y la producción de apotecios que liberan esporas. Este ciclo vital le confiere una gran capacidad de diseminación y supervivencia en los agrosistemas.
La colza oleaginosa se contamina por Sclerotinia a través de los pétalos. Las esporas de Sclerotinia pueden depositarse en los pétalos que han caído sobre las hojas o los tallos, proporcionando un sustrato favorable para la germinación y la infección del tejido vegetal. Por consiguiente, el periodo de riesgo comienza cuando caen los primeros pétalos (fase G1), y éste es el periodo adoptado para el tratamiento protector contra esta enfermedad.
Para combatir esta plaga, existen soluciones para mantener un alto nivel de plantas sanas en la producción. El uso racional de fungicidas sigue siendo el principal medio de control para los agricultores. Sin embargo, para preservar la sostenibilidad de esta solución, también se están desarrollando métodos de control complementarios. El uso de métodos de control biológico, como microorganismos antagonistas capaces de parasitar los esclerocios o productos capaces de estimular las defensas de las plantas, es un pilar esencial en una estrategia integrada de gestión de la esclerotinia.
Pico de demanda de nutrientes del trigo y uso de bioestimulantes
La tendencia mundial a utilizar menos insumos manteniendo o mejorando la producción de alimentos exige que los cultivos agrícolas sean organismos más eficientes. Los bioestimulantes pueden proporcionar una mayor eficiencia en el uso de nutrientes con aportes de fertilizantes tradicionales o reducidos, con un impacto positivo directo en la absorción de nutrientes por las raíces, además de mejorar el desarrollo de las plantas en condiciones ambientales difíciles.
El trigo es uno de los cereales más consumidos en el mundo, como alimento básico para miles de millones de personas, y proporciona una importante fuente de hidratos de carbono, proteínas, fibra y nutrientes esenciales. Los productos a base de trigo, como el pan, la pasta y la bollería, son parte integrante de muchas cocinas y tradiciones alimentarias culturales.
Además de su papel en la nutrición humana, el trigo también tiene importantes aplicaciones industriales, como la extracción de almidón y gluten, así como en la fabricación de adhesivos, textiles e incluso biocombustibles. La importancia global del trigo queda subrayada por su posición central en el comercio internacional y su repercusión en la seguridad alimentaria y el desarrollo económico de todo el mundo.
Uno de los retos agronómicos de la producción eficiente de trigo es el largo periodo fenológico durante el cual se desarrollan los componentes del rendimiento -grano, espigas y espiguillas-, generando múltiples picos en las necesidades nutricionales. El uso de bioestimulantes a base de levadura durante el macollamiento, la elongación del tallo y la emisión de la última hoja contribuirá a una mejor gestión de los nutrientes y a mejorar el estado hídrico, permitiendo a las plantas rendir mejor durante los periodos de alta demanda metabólica, siendo así más eficientes en el uso de los recursos.






